4 de noviembre de 2008

En medio del medio (12)

Pero porque me lo pide RinzeWind, ¿eh?

Hace muchos, muchos años en un Madrid muy lejano, trabajaba yo en prácticas para un pequeño medio local, tan local que sólo tenía constancia de un oyente: el segoviano, el dueño del bar de la esquina. Pero con ínfulas, ¿eh?, que tenías que ver a nuestras jefas en las reuniones de redacción hablando como si fuésemos el Washington Post y sobre quién iba mejor vestido para ir al parto de la Infanta en la Clínica Ruber, no fuese a haber quejas de la Casa Real. Y juro que no es un ejemplo, que yo estuve en esa discusión.

Durante un tiempo estuve en Informativos haciendo lo mismo que los profesionales de verdad, los de los grandes medios como El País, Telecinco o la Cadena SER: copi-pegar lo de Europa Press, EFE y la competencia y disimularlo un poco según el tiempo que tuviese. Algunas veces me enviaban a cubrir ruedas de prensa chorras, pero un par de veces tuve la suerte de que me mandasen a la rueda de prensa que daba Gallardón -entonces aún presidente de la Comunidad de Madrid- después del Consejo de Gobierno.

Eso molaba porque te codeabas con los profesionales de verdad, podías ver cómo trabajaban, cómo hacían las preguntas y en qué temas, podías intercambiar unas palabras y quizá hacer un contacto laboral interesante, entrabas en el informativo de las 14 h. en directo desde la sede de la Comunidad y, sobre todo, que en ese edificio, al menos en tiempos de Gallardón, siempre había papeo: bollitos por la mañana, aperitivos por la tarde, refrescos, cerveza, cafés... Luego descubrí que no era una forma de comprar a la prensa, que para los buffets son mucho más buitres que un jubilado, sino una estrategia.

Gallardón se sentó, buenos días, les voy a leer las decisiones adoptadas hoy por el blablablá... Se acoda en la mesa cruzando los antebrazos, baja la cabeza y empieza a eso, a leer monótona y monocordemente, a media voz y sin la menor inflexión. Y después de unos canapés, medios-sandwiches, un vino de la tierra y un cigarrito, aquello era como tumbarte en verano en un prado junto a un arroyo tras comer una paella: narcotizante.

Yo, novato, empecé a escribir a toda mecha: cada decisión, cada dato, cada partida presupuestaria, cada proyecto, cada nombre. Gallardón, inclinado hacia delante, casi encorvado, no paraba, sin prisa pero sin pausa, sin comas ni puntos, sin acentos... Nos arrullaba como el sonido del motor del autobús y lo hacía muy bien. En un momento levanté la cabeza y miré a mi alrededor; las cámaras y grabadoras funcionaban solas y sus dueños bostezaban recostados en sus asientos, sólo un par de redactores apuntaban algo. Decidí que si esa gente, con más experiencia que yo, no escribían nada es que quizá no era importante, así que me limitaría a tomar nota de lo que ellos tomasen nota. Insisto, era novato, no iba a revolucionar la profesión el primer día.

Al cabo de un minuto el bisbiseo de Gallardón nos tenía a todos groguis. Dijo algo de una inversión en un colegio católico que me hizo abrir un momento los ojos... pero no, nadie lo apuntaba. Dijo algo de la adjudicación de unas obras de no sé cuántos cientos de millones... y nada, nadie lo apunta; joder, pues yo juraría que eso es importante... Remodelación de la carretera tal... tampoco. Y entonces lo hizo.

Gallardón se paró en seco, levantó la cabeza y las cámaras por fin pudieron grabar su rostro, descruzó los brazos, sacó los codos de la mesa y se enderezó como un modelo. Dijo: "Ah, sí... Esto es importante. Se ha aprobado una partida presupuestaria de Educación...".

Inmediatamente todos los redactores empezaron a escribir. Y casi al dictado. Gallardón leía despacio, hacía pausas, inflexiones en la voz entre el sujeto y el predicado, comas, gestos, subidas, bajadas, sonreía, subrayaba los datos, ¡los repetía! Y los plumillas copia que te copia. La noticia, como se imaginarán, era de esas que da continuamente TeleEspe, con la que todos estaríamos de acuerdo, algo netamente positivo, necesario y tal. "La Comunidad de Madrid se sitúa así a la cabeza de tal... La mayor inversión en cual... El paro en Madrid desciende a lo otro...".

Hasta que terminó la noticia. Entonces volvió a apoyar los codos, cruzar los brazos, bajar la cabeza y a la lectura monocorde. Y los plumillas posaron sus bolis, se recostaron y siguieron bostezando. Menos yo. Yo estaba flipando en colores y pensando "No puede ser, esto no puede ser lo que parece, es demasiado obvio".

A los dos minutos volvió a hacerlo. Se detuvo en seco, dijo "Ah, esto es importante", se enderezó y empezó a hablar como un locutor publicitario. Y los periodistas vuelta a escribir otra noticia altamente favorable para la Comunidad de Madrid. Y cuando se acabó vuelta a encorvarse y a bisbisear y los periodistas a dormir. Le vi hacerlo cuatro veces y de la docena de medios que estábamos allí, no más de seis apuntaron algo aparte de lo que Gallardón designó como "importante".

Cuando terminó la rueda de prensa me tuve que contener para no levantarme y aplaudirle, gritarle bravos, lanzarle rosas... Me pareció una demostración soberbia y la mejor lección que me habían dado en todo el curso de periodismo. Para mí la noticia del día habría sido la maestría con la que Gallardón se folla a los redactores de todos los medios, ¡y cada semana!

Al llegar a la redacción busqué qué habían destacado de esa rueda de prensa los "profesionales" de la SER, Onda Cero o la COPE. Y destacaron, por supuesto, lo "importante". Y nada más. Por eso Gallardón es el puto amo.

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